Cadillac Records: la historia de la Chess de Chicago llega a Hollywood

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El próximo estreno de la película “Cadillac Records” (el próximo 5 de diciembre en los Estados Unidos), dirigida por Darnell Martin y protagonizada por Adrien Brody y Beyoncé Knowles provoca en mí sensaciones encontradas: por un lado, me entusiasma que la película narre las vicisitudes de Leonard y Phil Chess, fundadores del esencial sello Chess de Chicago, pero, por otra, mi carácter escéptico sobre “biopics” de los grandes de la música me provoca recelos e incredulidad.

Ahora bien, las cualidades cinematográficas de la cinta podrían salvar mi natural reticencia a sumergirme en la contemplación de Beyoncé, por ejemplo, ejerciendo de la inmensa Etta James. Fuentes consultadas, aseveran que la Knowles interpreta las canciones de la James y eso provoca un encendido escepticismo en éste que suscribe.

Resistencias aparte, es loable que la cinta reivindique a la discográfica Chess, un verdadero hito en la música norteamericana. Una discográfica clave en el desarrollo musical del siglo XX. Esta es su historia, a esperas de que el film aparezca en nuestras pantallas y podamos valorar su calidad.

La historia de dos inmigrantes polacos, refleja fielmente la leyenda del sueño americano. Dos judíos inmigrantes, Leonard y Phil Chess llegaron a Chicago en 1928, un año antes de la Gran Depresión. Involucrados, en sus comienzos, en negocios turbios de contrabando de licor, en los años cuarenta eran ya florecientes empresarios: dueños de varios locales en el sur de la ciudad, entre los que destacaba el Macumba.

El Macumba era un bar que acogía, fundamentalmente, actuaciones en directo de bluesmen provenientes del sur, quienes recalaban por primera vez en la gélida ciudad del Michigan para transmitir los cálidos sentimientos rurales del Estado de Mississippi. Es allí, en su antro estrella, donde los Chess deciden grabar, en condiciones más que dignas, a los negros que aullaban sus penas recién transferidas de su dura vida en la plantación de algodón. Para ello, deciden asociarse con Evelyn y Charles Aron (matrimonio en el que el marido, Charles, era también inmigrante europeo, esta vez proveniente de Rumania), dueños de Aristocrat Records, una compañía especializada en música racial.

Allí recala uno de los más grandes artistas que el blues ha parido: McKingley Morganfield, más conocido como Muddy Waters, uno de esos negros que recalaron en Chicago, para confomar la aparición de un nuevo sonido. Waters gozó de un éxito casi instantáneo con sus grabaciones para Aristocrat, entre 1947 y 1948, que reflejaban con punzante crudeza sus actuaciones en directo, acompañado de contrabajo, piano, su guitarra y su voz desgastada. Muddy Waters se convirtió en el intérprete de blues más famoso de Chicago.

En 1949, los hermanos Chess compran las participaciones de los Aron en Aristocrat y se quedan con la compañía, a la que bautizan, en 1950, como Chess Records. Junto a Atlantic, Aladdin, Specialty, Imperial, Modern y King, fue una de las más decisivas compañías independientes que esbozaron el R&B y, por extensión, el rock and roll, todavía muy incipiente.

El éxito abrumador de Waters, hace que otros músicos se fijen ya en la compañía de los hermanos Chess, como plataforma fiable de lanzamiento al estrellato, el reducido estrellato que por aquel entonces se reservaba a la minoritaria “música racial”. Entre ellos, Little Walter, harmonicista de la banda de Waters, quien graba en solitario para Chess, a través de su subsidiaria Checker.

Mención aparte merece el gigantón Chester Brunette, mejor conocido como Howlin’ Wolf. El Lobo Aullador había grabado con un desconocido en Memphis, un tal Sam Philips (futuro dueño de la legendaria Sun Records), quien cede los masters de las grabaciones a los hermanos Chess. Así comenzaría otra alianza artística y comercial gloriosa, siendo Howlin’ Wolf otro músico de una influencia inestimable para generaciones incipientes y venideras. Desde 1951, Wolf rivalizará en influencia y maestría con Waters, surgiendo así una competencia entre los músicos que intensificará, aún más, sus respectivas apuestas artísticas.

Además de grabar a auténticos prodigios del blues como Sonny Boy Williamson, John Lee Hooker, Memphis Slim o Buddy Guy, Chess irrumpe como un torrente en el inmaduro mercado del recién nacido rock and roll. Durante unas vacaciones en Chicago, un joven guitarrista llamado Chuck Berry, por recomendación de Muddy Waters, consigue una audición en Chess y el milagro se produce: la canción que toca Berry se convertirá en un exitazo nacional a gran escala, “Maybelline”, el primer éxito de los sucesivos que tuvo Chuck, con su inigualable e ireemplazable estilo, aun auténtico revolucionario en su sonido y un baluarte inigualable para la compañía durante más de diez años.

Otro revolucionario que se estableció en Chess fue Elias McDaniels, quien adoptó su nombre de batalla de sus tiempos como boxeador amateur: Bo Diddley. Otro guitarrista muy personal que implantó un sonido rítmico sincopado y que dio días de gloria a los hermanos durante mucho tiempo.

Bajo el paraguas de Chess, se crea una subisidiaria que engloba sobre todo música de jazz, con grandes firmas como Lou Donaldson, Gene Ammons o Sonny Stitt. Es Argo Records, que también acoge a la intrépida y fiera Etta James, una de las voces e intérpretes más iracundas del floreciente R&B

Los hermanos Chess eran multidisciplinares: además de dirigir la compañía, fueron productores de muchas de las grabaciones que se desarrollaban en su estudio de la calle South Michigan, 220, en Chicago. Su pasión por la música que grababan en sus estudios fue determinante para que la compañía siguiera adelante. No solo siguió adelante, sino que fue un punto de referencia para muchos adolescentes británicos, quienes reverenciaban el blues y R&B que provenía del otro lado del Atlántico. Los mismísmos Rolling Stones grabaron, a mediados de los sesenta, en los estudios de Chess, rindiendo, así, tributo a una compañía que les proporcionó, no solamente el nombre, sino toneladas de placer y de influencia musical.

La historia de Chess es repasar lo mejor de la música negra norteamericana del siglo XX, desde su fundación en 1950, hasta su desaparición en 1969. Pocas compañías discográficas independientes pueden presumir de tener en nómina a Muddy Waters, Etta James, Howlin’ Wolf, Fontella Bass, Chuck Berry, Bo Diddley, Little Minton, Aretha Franklin (aquí grabó, siendo una adolescente, sus primeros temas “gospel”), The Dells, Koko Taylor, Johnny “Guitar” Watson, Larry Williams, Eddie Bo, Bobby Charles, Buddy Guy, Big Bill Broonzy, Jimmy Rogers, Dale Hawkins……por citar solamente a algunos.

Sin los hermanos Chess, la música nunca volvió a ser la misma. Una fuente de creatividad que creó la electrificación del blues rural, aupó el R&B a alturas insospechadas e introdujo la guitarra en el rock and roll, a través de Chuck Berry y Bo Diddley

Un catálogo asustante.