Capítulo II: Preparando el baile

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“I’ve lived with musicians all my life. I’ve been around loud music all my life. But Marty was the only person I ever had to say to, ‘would you please turn down the music a little bit?’ I couldn’t even go to the bathroom—he had speakers in the bathroom.”

(Robbie Robertson hablando sobre Martin Scorsese, durante la época en que ambos compartieron piso en NYC)

 

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Capítulo II: Preparando el baile

Cuando The Band pensó en dejar la carretera, la idea de celebrar su retirada empezó a rondarle a Robbie Robertson por la cabeza. Robertson era – y sigue siendo – gran amigo del gran Marty Scorsese, además de un genio del celuloide, un tipo con una cultura musical considerable. Scorsese participó como ayudante de dirección y montador durante la filmación del documental “Woodstock” (sobre el macro – concierto del mismo nombre) y siempre se ha distinguido por incluir una música excelente en – casi – todas sus películas (por ejemplo, en “Goodfellas” la música no cesa de sonar en forma de canciones de rock clásicas; su película “Bringing Out the Dead” transcurre centrada en una canción de Van MorrisonTB Sheets”).

Sobre la base de esa amistad se decidió hacer una película de la despedida, habiéndose ya solicitado los servicios del promotor Bill Graham (quien gestionaba el Winterland de San Francisco, una antigua pista de patinaje cubierta que se ha convertido en una sala mítica – cerró sus puertas en 1978 – al haber acogido a todos los grandes de la música durante la segunda mitad de los sesenta hasta su cierre). Graham influyó mucho en el propio concepto del concierto; en un principio The Band quería un concierto “convencional” con amigos invitados, pero Graham introdujo una idea que, en principio, no gustó demasiado a los chicos: al coincidir la fecha del concierto con el Día de Acción de Gracias (25 de noviembre), pensó en organizar una cena para los asistentes con pavo y todo. Y así fue, pero no nos adelantemos a los acontecimientos.

En primer lugar, The Band quiso tocar su último concierto en el Winterland, por la nostálgica razón de que allí tocaron por primera vez como The Band en 1969. De algún modo, supondría el cierre de un círculo completo; además, la audiencia de San Francisco siempre les trató bien y contaban con la inestimable ayuda de Bill Graham, que se involucró personalmente en el proyecto. El famoso promotor decidió convertir el concierto inicial en una celebración por todo lo alto: contrató los decorados de “La Traviata” a la ópera de San Francisco, transformando el Winterland en una impresionante sala repleta de inmensos candelabros y gigantescas cortinas de satén, con estatuas griegas (compradas a la productora 20th Century Fox), además de en un comedor para la susodicha cena. Además de todo ello, la cena sería amenizada por una orquesta (la Berkeley Promenade Orchestra), tocando valses vieneses. Para rematar la puesta en escena, elegantes parejas de bailarines seguirían los acordes de la orquesta mientras la peña cenaba…..el único inconveniente de todo ello, es que muchos fieles seguidores del grupo se quedaron fuera del concierto, pues éste (con cena incluida) costaba la, para entonces, friolera de 25 dólares.

Aparte de Graham, Scorsese, fiel amigo de Robertson

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