Capítulo III: El Baile

0
57

“We’re all rhythm section guys, you know? That’s what The Band was, and still is. And that’s who Bob Dylan hired, and who Ronnie Hawkins hired, and anybody, like singers, they used to call them frontmen. They called us, The Band, sidemen. Anybody we worked for knew…especially being a drummer, you don’t hardly think about the music without thinking about the band, and building a band is what rhythm section people have to do. Because I can’t really sound my best until I’ve got the bass player and the piano player and the guitar and horns and all that with me. The more of them that will help me, the better I sound. And The Band’s selling point, I thought, was that Richard Manuel was such a great singer, as we all know, that The Band had a frontman quality singer right there on the piano. And with myself and Rick resting Richard up, it kind of forced us to offer those second and third lead vocals that grew out of the outcome of it all. All of a sudden the band had the lead singers and the musicians all in one unit. It meant we could get a job without having to go to Ronnie Hawkins or Bob Dylan or somebody and ask for one”

Levon Helm

 

Espacio publicitario

EL BAILE: THIS FILM SHOULD BE PLAYED LOUD!

Una vez que el público dio buena cuenta de la cena tradicional del Día De Acción de Gracias, y una vez que la iluminación de la sala se hubo atenuado lo suficiente como para crear una misteriosa atmósfera que presagiaba ya la aparición de La Banda,alrededor de las 9.10 de la noche, Levon Helm lanzó a la audiencia un lacónico ‘Good evening’ e inmediatamente las notas de ‘Up On Cripple Creek‘ inundaron el Winterland. Es así como dio comienzo uno de los conciertos más memorables de los que este autor tiene noticia. Sin embargo, la película de Scorsese no arranca de la misma manera: Sobre un fundido en negro, la leyenda ‘This film should be played loud!‘ abre el filme, con comentarios del propio Marty y parte del equipo, para que Rick Danko aparezca jugando al billar en los estudios Shangri – La. Marty no abre la película con el escueto saludo de Helm a la audiencia, sino con el último tema de la noche ‘Don’t Do It‘ y el último tema que The Band tocó en directo: una canción de Marvin Gaye de 1964, favorita de La Banda para sus conciertos. Es decir, el director de la película empieza por el final, anticipándonos el regusto amargo que el filme transpira por todos y cada uno de sus fotogramas. El Ultimo Vals es una película que marca e ilustra el fin de una de las mejores épocas de la música norteamericana.

El productor de la película fue Robbie Robertson, guitarrista de The Band, y, en cierto modo, según acusaciones posteriores del propio Levon Helm, la película se centra demasiado en la figura de Robbie, como si del mismísimo líder del grupo se tratara; de hecho, Robertson, se limita a tocar (estupendamente) la guitarra, aunque su voz no aporta absolutamente nada, pues su micrófono estuvo desenchufado durante todo el concierto. Sin embargo, según mi propia apreciación y a pesar de que, en una primera aproximación a la película pudiera parecer que Robbie es el motor del grupo, musicalmente hablando el protagonista es la increíble solidez de un grupo impresionante. Y, más en concreto, y solamente es una opinión personal, Levon Helm se muestra arrebatador desde la primera canción: excelente vocalista y astuto batería, su aplomo y su oficio es alucinante. Solamente basta escucharle cantando y tocando la batería a la vez en temas monumentales como ‘The Night they Drove Old Dixie Down‘ para comprender lo que estoy afirmando…auténtica dinamita pura.

 

Compartir
Artículo anteriorEXPLUM 05
Artículo siguienteVuelve La Sustancia Verde