Crónica etílica del bluescazorla

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Cazorla es una cuesta con casas blancas, en la falda de un peñón lleno de pinos y unas cuantas especies de rapaces, con el famoso quebrantahuesos de primera vedette.
Por sus calles (que más que arterias, son vénulas) circulan a toda pastilla los cientos de ‘lanrrovers’ que andan alternando estas cuestas y los mares de olivos circundantes.
Por esas calles anduvimos empachándonos de buen blues y de mejores tapas. Con estas sencillas dosis y mucha cervecica fría, alimentamos respectivamente espíritu y estómago los asistentes al XI festival Blues Cazorla. Más contentos que unas pascuas.

El Blues Cazorla es uno de los más cabales y mejor organizados festivales de música al que servidor de ustedes ha tenido el placer de asistir en todos los días de su vida.

Sea porque es un encuentro de amigos venido a más, o por el apoyo institucional y del tranquilo pero eficiente gremio hotelero, o por el buen hacer de un equipo ilusionado y bien organizado. O la casualidad. O quizá todo eso junto.

Nos hemos sentido como en casa, tratados como personas y no como borregos. Creo que algún organizador de eventos musicales que llama ‘señoritas’ a sus espectadores, debería tomar nota.

En cuanto a lo estrictamente musical, el cartel era de lujo y no vi a nadie defraudado. Así que se pueden hacer una idea.

El festival se desarrolla en tres días de la manera que sigue:

Dió comienzo la tarde del jueves 21 con una sencilla presentación
en el Teatro de la Merced y la posterior actuación del tremendo armonicista
Jerry Portnoy, del que hablaremos más adelante) acompañado de
el omnipresente director artístico del festival Otis Grand y un chico
de Fender España, de cuyo nombre no logro acordarme.

Para abrir boca no estuvo nada mal. A la noche nos llevaron en autobus a una
finca perdida entre arbolicos donde tuvo lugar una fiesta concierto con la asistencia
en plan jam session de Guitar Ray & The Blues Gamblers , Otis Grand , Jerry Portnoy y el gran (por talento, edad y tamaño) Magic Slim. Más de la mitad del personal nos fuimos a mitad de juerga, y es que el día siguiente se presentaba movido.

Después de este aperitivo, el festival propiamente dicho se desarrollaba entre 2 escenarios de acceso gratutito, los conciertos de pago en la paza de toros y dos master class: una de armónica y otra de guitarrra que tuvieron lugar en el Teatro de la Merced).

En los dos primeros escenarios, Sennheiser y Caledonia, tuvieron lugar
las actuaciones de grupos nacionales de las que nos perdimos la mitad por lo apretado de un programa, que incluía atiborrarse de tapas con sus respectivas cervecitas frías (mucha caló en Cazorla).
Algunas crónicas que hemos podido leer en otros medios ‘serios’ sobre el festival ponen en evidencia el hecho de que sus reporteros también estaban atiborrándose de bebercio en los bares durante las actuaciones o bien acudieron trompas perdidos y no se enteraron de nada.

Lamentablemente nos perdimos a Malcom Scarpa con Osi
Martínez
, a priori, uno de los alicientes del festival para
nosotros. Pero nos resarcimos viendo a Osi acompañando con la armónica
al tremendo Fede Aguado. Ellos dos solitos montaron un fiestón
el sábado a la hora de las tapas (mediodia)