Cuarenta años volando con la pitón

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Permanecen momentos que sobresalen de los procelosos mares del tiempo. Existen momentos que, indeleblemente, determinan una particular visión de la vida.

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Conocía a los Monty Python gracias a su éxito más arrollador, esa obra que les concedió prestigio universal: “The Life Of Brian”, producida por un tal George Harrison, un tipo inquieto y fiel amigo de los Python, especialmente de Eric Idle, el más musical del grupo. Con esta película, los venenosos Python fueron famosos a escal global. Y cosecharon un éxito musical asombroso con su canción “Always Loook At the brighter side of life, un potente himno al optimismo y al “carpe diem”, interpretado precisamente por Idle, a través de un estribillo lo suficientemente pegajoso y eficaz como para remontar las listas de éxitos.

Pero los Python entregaron al mundo (en primera instancia, solamente a Gran Bretaña), su verdadera obra maestra, casi diez años antes. Y el que esto escribe, al descubrir esta obra cumbre del humor, quedó imbuido, por siempre, de una renovada visión del mundo. Los Python me provocaron una reacción traumática: me abrieron los ojos, cambiaron mi manera de ver y de pensar la vida.

Todo esto sucedió durante mi estancia en el Reino Unido. Alí, la televisión ofrece, además de los consabidos concursos ñoños y resto de zafiedades generalizadas, verdaderos programas de calidad, con vocación de permanencia.

Gracias al cielo (o a quien corresponda), la BBC tuvo el aciereto de reponer “Monty Python’s Flying Circus”, la obra incisiva, genial, eterna de John Cleese, Michael Palin, Gram. Chapman, Terry Jones, Eric Idle y Terry Gilliam.

La serie fue estrenada un 5 de octubre de 1969, hace cuarenta años, pero sus valores auténticamente absurdos, siguen vigentes. Su relativismo, su ácida y a veces cruel perspectiva son de permanente actualidad. Quizás, ahora más si cabe.

La locuacidad brillante del desgarrado Chapman (fiel amigo de Keith Moon, por lo tanto bebedor empedernido, murió tempranamente a consecuencia de un cáncer); la asombrosa capacidad para la caricatura del entrañable Palin; el histrionismo hilarante de Cleese; la sobriedad transformista de Jones; la versatilidad y musicalidad de Idle; y, finalmente, la delirante concepción visual del norteamericano William.

Fue como abrir una puerta al humor ácidamente inteligente concebido para la televisión (¿inteligencia en televisión?). Su inteligencia llegaba incluso a poner patas arriba a los títulos de crédito de la serie, que se prolongó, contra todo pronóstico, hasta los siete años en antena

En el camino, John Cleese abandona el equipo y crea, junto a su por entonces pareja Connie Booth, “Fawlty Towers”, otra obra cumbre del humor, con diálogos astutamente elaborados y situaciones desternillantes que, muchas veces, apuntaban al corazón de la cotidianidad, a las inquietudes y problemas del hombre común.

Eric Idle, en un apasionado tributo a los cuatro fabulosos, crea “The Rutles”, una visión intencionadamente distorsionada de la locura y sinsentido de ser un “beatle”, parcialmente inspirada en la experiencia directa de ese tal George Harrison (quien participa en la serie en un “cameo” inolvidable).

El resto siguió, paralelamente, caminos diversos y variados (Palin y Gilliam fueron los más prolíficos). Sin embargo, nunca alcanzaron la cima creativa y radicalmente revolucionaria que supuso su circo volante. Sin pretender caer en la pedantería, con los Python comprendí, definitivamente, la farsa asombrosa del doblaje. Creedme, es absolutamente necesario gozar con los Python en su idioma original. De otro modo, ni siquiera se obtiene la cuarta parte del significado real, la mordacidad a veces hiriente del grupo británico.

Los Python, por debajo de su hilarante locuacidad y de sus situaciones grotescamente absurdas, ofrecen, ante todo, una visión filosóficamente significativa: mofarse del esnobismo, de la modernidad mal entendida, de las convenciones, de la historia….es completamente necesario para sobrevivir con una razonable dignidad en la vorágine de un mundo dramáticamente deshumanizado.

Como diría el deliciosamente exagerado Cleese: “And Now for something completely different”

  • Anónimo

    Qué GRANDES!!! Precisamente ando yo ahora viendo la temporada de la Spanish Inquisition!! jajajaja.
    Lo que no sabía era que los Monty cumplían años el mismo día que yo. Está bien saberlo.