El Cuarto Oscuro: Billy Preston

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Cuando tenía trece años, descubrí que mi adorado George Harrison había organizado un concierto benéfico en el año 1971 destinado a paliar los efectos devastadores de la guerra que por entonces se libraba en Bangla Desh. Recuerdo que el disco, con su impactante portada y su librito espectacular con fotos y créditos, era una reliquia que mi cuñado conservaba con mimo. Gracias al disco pude descubrir a tres músicos que han sido protagonistas indiscutibles de mis preferencias musicales, exceptuando a Harrison: Bob Dylan, Leon Russell y, el protagonista del cuarto oscuro de hoy, Billy Preston.

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Billy Preston realizaba una interpretación apoteósica de un gospel arrollador, además de proporcionarme fraseos hipnóticos, a través de su órgano celestial. A partir de entonces, buscaba a Billy en muchos de los créditos de los discos que compraba y caí rendido a sus pies para siempre.

Preston era originario de Houston, en Texas y fue un niño prodigio en toda regla: a los tres años comienza a manosear las teclas del piano y a los diez años ya acompañaba a la prodigiosa cantante de gospel Mahalia Jackson en su banda, alternativamente al órgano y al piano. El sentido religioso de la música era, para Billy, esencial y conocía todos los resortes emocionales del instrumento para dar apoyo a toda una diva de la música negra.

El sentido musical fue adquirido, sobre todo, bajo los auspicios de su madre, quien era organista de la iglesia baptista de Los Angeles (ciudad a la que, la familia Preston, se mudó desde su Houston natal) y apoyó fervientemente las inclinaciones y aptitudes musicales de su hijo. Preston nunca abandonaría la fe religiosa, el sentido espiritual de la música, el motivo fundamental para llegar a ser un intérprete.

Después de tocar con la Jackson, Billy es contratado por otro gigante, Little Richard, el rabioso pianista y cantante quien queda prendado de la maestría del quinceañero. Así, con quince años, Billy se va a Europa de gira con Richard y es durante este viaje que conoce a cuatro músicos que fueron clave para su evolución musical. En Hamburgo, en 1961, Billy se va de farra con cuatro paletos británicos, confesos admiradores de su jefe Little Richard: son The Beatles y, juntos y por separado, en el futuro no muy lejano, ejercerán una influencia fundamental en el desarrollo de la carrera musical de Billy.

Billy Preston, a la edad de dieciséis años, ya era todo un músico respetado, con un prestigio verdaderamente inusual para un chaval de su edad. Tal es así, que Sam Cooke le contrata para su obra maestra “Night Beat”, toda una maravilla. Y es por la misma época que Preston graba su primer álbum “Sixteen Years Old Soul”, de 1963, en el propio sello disco gráfico de Cooke. Aunque sus contribuciones decisivas como músico de sesión en Vee Jay, le animan a fichar con la discográfica de Indiana, en la que saca dos álbumes instrumentales “The Most Exciting Organ Ever” y “The Wildest Organ In Town”.

La evolución de la música negra hacia el género denominado “soul” incidió también en la música de Billy, quien pasa a tocar con Aretha Franklin, concretamente en su soberbio álbum en directo “Live At The Fillmore West” y el no menos maravilloso “Young, Gifted and Black”, en el que Preston se erige en un teclista funky. Sus colaboraciones en los sesenta son para quitar el hipo: Bobby Womack, King Curtis, Ray Charles, Macy Gray………

Durante una gira por Europa de Ray Charles, cuya banda incluía a Billy, el genio recala en Londres. Allí, un George Harrison mosqueado durante las grabaciones de lo que luego sería “Let It Be”, asiste al concierto de Ray Charles y convence a su viejo amigo Billy Preston a acercarse al estudio donde los Beatles están fraguando la catástrofe. Billy Preston se convierte, así, en el primer músico acreditado en acompañar a los cuatro fabulosos. Su piano en “Get Back” es inconfundible. Acompaña a los Beatles en las sesiones de “Let It Be”, durante su asombrosa actuación en la azotea de “Apple Records” y durante las sesiones de grabación de esa joya titulada “Abbey Road”.

Desde entonces, Billy es un músico inseparable de John, George y Ringo (McCartney, incomprensiblemente, nunca requirió los servicios de Preston): graba con John su magnífico “Plastic Ono Band”, asiste a George en la mayor parte de sus álbumes en solitario y a Ringo en muchas de sus delirantes aventuras musicales (a partir de 1989 es miembro de la “All Starr Band”)

Es su íntimo amigo, George Harrison, quien la da la oportunidad de alcanzar una popularidad merecida: le produce el álbum “That’s The Way God Planned It”, un álbum magnífico en el que colaboran Eric Clapton, el propio George, Keith Richards y Ginger Baker.

Preston focaliza la atención de otras vacas sagradas del rock británico: Los Rolling Stones le fichan para salir de gira y Preston se convierte en una de las principales armas secretas de los londinenses. Con ellos, además de en los directos, colabora en muchas obras insignes del repertorio stoniano: “Sticky Fingers”, “Exile On Main Street”, “it’s Only Rock And Roll” y “Black And Blue”. En 1973, el propio Preston actúa, no como miembro, sino como telonero de los Stones. Disputas monetarias causan la ruptura de Billy con la banda, en 1977, pero continuará colaborando esporádicamente con ellos.

Durante los años ochenta, Preston sucumbe a los encantos de la cocaína y se ve mezclado en turbios asuntos que le obligan a ingresar en prisión y en un centro de rehabilitación de toxicómanos.

Recuperado en los noventa, aparte de ser miembro de la banda de Ringo Starr, participa con The Band, con Eric Clapton e incluso con Johnny Cash. Una de sus últimas apariciones fue en el álbum de los Red Hot Chili Peppers “Stadium Arcadium”, ya muy enfermo. Sus problemas con el hígado y con su vuelta a las drogas hicieron sucumbir a Preston, para irse del mundo físico un 6 de junio de 2006.

Un teclista sujeto a sus raíces gospel, que nunca abandonó, un teclista afectuoso, bonachón, espiritual, apegado al concepto de Dios y al significado gozoso de la música.

“Cuando tocas, quieres hacerlo lo mejor que puedes. No sabes si estás haciendo algo importante y si lo que estás haciendo hará historia. Solamente el hecho de ser capaz de hacerlo y el ferviente deseo de tocar lo mejor posible es el logro definitivo”