El Cuarto Oscuro: Cornell Dupree

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Uno de los guitarristas que experimentó y protagonizó la explosión de la música negra, a mediados de los sesenta, siempre ha pasado desapercibido y únicamente ha sobrevivido en el cuarto oscuro de músicos privilegiados, aunque siempre con un carácter anónimo. Una auténtica puta de lujo, ha colaborado en cerca de 2.500 álbumes como guitarrista de sesión, definitorio de un sonido irrepetible, iracundo y enérgico Estamos hablando del guitarrista tejano Cornell Dupree, una auténtica explosión de funk y groove, que ha contribuido al desarrollo de artistas de primera fila, con su sonido personal e irrepetible.

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Cornell Dupree nació en Fort Worth (Tejas, EEUU), en 1942, un lugar perfectamente reconocible por los buenos aficionados, como cuna de una larga tradición de guitarristas que crearon escuela. Dupree, embelesado por el blues, comienza a tocar la guitarra sin recibir ni siquiera una mísera lección. Aprendió estrictamente de oído, imitando el sonido y las notas de sus grandes ídolos, incluyendo a Bo Diddley, Chuck Berry, T-Bone Walker y Lightnin’ Hopkins (estos últimos pertenecientes a la fructífera tradición tejana). A sus veinte años, y después de muchas horas de práctica, es contratado para unirse al grupo del gran saxofonista King Curtis: “ahí es donde me gradué, donde aprendí a tocar la guitarra”. Curtis era un paisano de Dupree y siempre mantuvieron una amistad inquebrantable, además de inspirarse mutuamente en cuanto a influencias musicales. Pero la historia de Curtis será objeto de un futuro artículo en esta misma sección. Su música lo merece.

Pero, además de tocar en la banda de Curtis, Dupree pronto pasó a convertirse en un músico de sesión que aportaba sonidos esenciales y perfectamente reconocibles en la música de las grandes estrellas a las que acompañó. Ni más ni menos, es contratado por Jerry Wexler, productor y ejecutivo de Atlantic Records quien comentó más tarde acerca de las prodigiosas habilidades de Dupree: “Nuestra práctica era utilizar tres o más guitarristas en las sesiones de grabación. Intentábamos crear algún tipo de interacción con la sección rítmica – teclados, bajo, batería – Pero siempre se producía el caos, porque los guitarristas siempre se pisaban unos a otros. Cuando el señor Dupree, el orgullo de Fort Worth, vino a rescatarnos, fue el adiós definitivo a las guitarras porque – de manera milagrosa – un solo hombre, tocando la guitarra rítmica y la solista a la vez, sustituyó a los tres instrumentos”.

Fundamentalmente, Dupree acompañó fielmente a la Dama del Soul por excelencia, la casi divina Aretha Franklin, con la que compartió escenario y estudio durante diez años “solo sé que, durante todo el tiempo que pasé con Artetha, lo disfruté enormemente. Todo giraba alrededor del sentimiento y la menara en que se expresaba a través de su voz fue otra inspiración para mi”.

El sonido sincopado de la guitarra de Dupree encuentra sus raíces en el blues tejano, representado por dos de sus exponentes más rutilantes: Lightnin’ Hopkins y T Bone Walker. Sin embargo, la avidez musical de Dupree le abrió a sonidos más amplios, siempre atraído por el eclecticismo, que ha sido la base de su manera intransferible de tocar: “Me inspiré en Johnny “Guitar” Watson y Wayne Bennett, a quien tuve la fortuna de escuchar cuando tocaba con Bobby “Blue” Bland. También disfrutaba con artistas del “country and western”, como Hank Williams y Ernest Tubb”.

La humildad artística de Dupree no contribuyó a su lanzamiento como artista en solitario. Con capacidades demostradas e incluso, avanzadas para la época, Dupree solamente graba dos álbumes en solitario durante los años setenta, el sobresaliente “Teasin’” y el no menos vibrante “Shadow Dancing”. Durante los ochenta, forma parte también de la banda del baterista Steve Gadd, junto al pianista Richard Tee, otro músico e