El Cuarto Oscuro: Klaus Voormann

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Durante la introducción que George Harrison realizó de su banda, en el transcurso del célebre concierto para Bangla Desh, en el momento de presentar a su bajista, se dirigió al público y espetó: “Hay alguien en el bajo de quien mucha gente ha oído hablar pero realmente no han visto nunca, Klaus Voormann”. Precisamente, George dio en la clave: uno de los bajistas más solicitados en los primeros setenta supo mantener un anonimato discreto, pasando desapercibido para el público. Voormann siempre vivió en el cuarto oscuro, un observador excepcional, un ojo crítico que supo adaptarse a las más variadas circunstancias que se le presentaron en su vida.

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Klaus Voormann nunca hubiera imaginado que su destino iba a quedar indisolublemente unido a una banda de ingleses del norte, con pinta de macarras, que tocaban una música estridente y agresiva, muy alejados de su educación musical clásica.

Voormann, oriundo de Berlín, nació en una familia acomodada y amante de la cultura en todas sus vertientes. Un niño cultivado, profundamente interesado en la música clásica (cursó la carrera de piano, que empezó a los ocho años), en la literatura y en la pintura. Es, precisamente, esta última vertiente artística la que ofreció al joven Klaus las posibilidades para desarrollar su carrera profesional, concretamente en el campo del diseño gráfico. Para ello, cursa estudios en Berlín para marcharse muy pronto a seguir sus estudios en Hamburgo.

Hamburgo. La norteña ciudad alemana, el bullicioso puerto del Norte. La segunda ciudad de Alemania. El destino de cinco chinarrines provenientes de otra insigne ciudad portuaria, Liverpool.

Klaus comienza a salir con Astrid Kirchherr, una artista y fotógrafa con inquietudes intelectuales y con inclinaciones bohemias y existencialistas, corriente cultural predominante en la época. Junto a ellos, se une Jürgen Vollmer, otro fotógrafo destacado y entusiasta. Los tres se quedan absolutamente estupefactos cuando, una noche de 1960, acuden al Kaiserkeller, un club inmundo en el distrito de St Pauli, famoso por el lumpen que poblaba sus calles: prostitutas, chulos, teddy boys con el pelo grasiento, yonkis y borrachos. En el Kaiserkeller, asisten a la actuación de dos bandas británicas: primero aparecen Rory Store & The Hurricanes, con un tal Ringo Starr a la batería y, por último, aparecen The Beatles. Según Klaus: “Era diferente. Ya había escuchado algunos discos de rock and roll de Chuck Berry y Elvis Presley pero no había escuchado nada parecido antes. Su sonido era muy crudo”.

A partir de entonces, la vida de Klaus penetra en su destino insospechado. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

Su novia Astrid se enamora perdidamente de Stuart Sutcliffe, bajista de los Beatles. Realmente, Astrid se convierte en la asistente personal del grupo. En realidad, tanto Klaus, Astrid como Jürgen, idolatran la manera cruda y desenfadada, el soplo de aire fresco de los chicos de Liverpool. Astrid y Jürgen no paran de hacer fotos a la banda británica (una foto de Vollmer de esa época, la que ilustra la portada del álbum de John Lennon “Rock’n Roll”, se ha convertido en todo un icono gráfico del siglo XX). Recuerdos imperecederos para una etapa salvaje.

Astrid y Stuart deciden vivir juntos y, a la vuelta de los Beatles a Liverpool, Stuart se queda en Hamburgo. Morirá de un derrame cerebral en 1961. El sueño terminó, los días de inocencia llegaron a su fin. Los Beatles nunca alcanzarán la espontaneidad, la energía, el ímpetu de sus días dorados. Los macarras de Liverpool preparaban ya su asalto. Conquistaron el mundo. Y ya, nunca más, nada volvió a ser lo mismo.

Mientras tanto, Klaus prosigue su carrera gráfica, sin interrumpir su amistad con los Beatles, incluso visitándoles ocasionalmente en Liverpool. Abrumado por el éxito alcanzado por sus amigos, Voormann decide trasladarse a Londres, en donde ya vivían los paletos del Norte. Dejemos que el propio Klaus hable por sí mismo de aquella época: “Estaba buscando un empleo como artista comercial en Londres, y George y Ringo me invitaron a quedarme con ellos en su apartamento hasta que encontrara un lugar definitivo. De alguna manera, era horrible. Esos tíos no podían moverse. Era imposible salir del apartamento porque siempre había como 150 fans vigilando la entrada. El apartamento no era muy bonito que digamos. No había buenos muebles y nadie se hacía cargo de la limpieza. Trabajaban tan duro, pero no veían ni un céntimo. Y encima llegaban a casa, un apartamento vacío”.

Klaus consigue encontrar trabajo en Londres, pero el gusanillo implacable de la música puede con él. Incluso para un tipo como él, formado en el jazz y en la música clásica, Klaus decide regresar a Hamburgo, decide abandonar su prometedora carrera en el diseño gráfico y forma un grupo con dos amigos, a los que conoció en sus visitas a Liverpool: Gibson Kemp (baterista que reemplazó a Ringo en Rory Storm & The Hurricanes, una vez que éste se pasó a los Beatles) y Paddy Chambers (miembro de otra banda de Liverpool, The Big Three). A pesar de su entusiasmo, solamente grabaron un single que pasó completamente desapercibido en los circuitos musicales.

De vuelta a Londres, y ya cogiéndole el gusto al bajo como instrumento, Klaus sustituye, ni más ni menos, que a Jack Bruce (quien formaría Cream con Ginger Baker y Eric Clapton) en el grupo Manfred Mann. Corría el año 1965. Es por aquel entonces que John Lennon llama a Voormann para hacerle un encargo gráfico. Sigue hablando Klaus: “Realmente fue una época muy dura para los Beatles. Realmente ya no hacían más canciones de amor. Estaban yendo hacia una dirección diferente, así que hacer una portada de su próximo disco con otra foto del grupo quedaría un tanto estúpido. Empezaron a remontarse a su infancia y a recuperar experiencias vividas y todo ello se plasmó en canciones”.

La portada que Lennon encargó a Voormann fue la portada del álbum “Revolver”, una de las cimas musicales de los de Liverpool. Klaus obtuvo el Grammy de 1966 por el mejor diseño artístico. Solamente cobró 40 libras por el encargo.

Mientras, la carrera de Klaus al bajo, junto a Manfred Mann le reporta un numero uno en las listas británicas, la versión que los Mann hicieron de una coplilla de Dylan “The Mighty Quinn”, en la que Klaus hace los coros, toca la flauta y el bajo.

Después de su salida de los Mann, en 1969, John Lennon llama de nuevo a su amigo y le propone formar parte de una nueva banda, una vez que los Beatles se hubieron convertido en un asunto desagradable, molesto, una parodia absurda de ellos mismos. John montó, a toda prisa y sin posibilidad de ensayar, la Plastic Ono Band. Esta primera formación constaba del propio Klaus, John, Eric Clapton y Alan White (el futuro baterista de Yes). Participaron en el Toronto Music Festival sin haber ensayado en estudio. Lo hicieron en la parte trasera del avión que les llevó a Canada, con White aporreando el asiento delantero a modo de percusión.

Klaus participa como bajista en el debut de John en solitario, precisamente el álbum titulado “Plastic Ono Band”, un álbum radicalmente individualista, desgarrador por momentos y tremendamente austero. La obra cumbre de John. Klaus y Ringo aportan el ritmo, junto a las guitarras y el piano de John. Un disco demoledor.

Al mismo tiempo, corren absurdos rumores de que Klaus podría ser el sustituto de Paul McCartney en una nueva reunión de los Beatles. Según afirma Klaus “Ese rumor alcanzó proporciones colosales. Nosotros nunca hablamos del asunto. Veía mucho a los chicos en aquella época, y reemplazar a Paul era un asunto que ni siquiera se pensaba. Nunca hablamos de asunto”.

Además de colaborar con John, Klaus echa una mano a George