El Cuarto Oscuro: Pee Wee Crayton

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Uno de mis guitarristas preferidos desgraciadamente, o afortunadamente, ya no lo sé, es un completo desconocido, aunque su mordiente eléctrica me ha emocionado siempre hasta las más recónditas entrañas de este alma negra por devoción y vocación.

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Estoy queriendo decir, que uno de los ilustres guitarristas tejanos de blues y R&B (que ya es mucho decir), el señor Pee Wee Crayton, ha sido olvidado por el público, ese ser amorfo y poco agradecido, presa indefensa de la ignorancia y de los cada vez más degradados medios de comunicación. Por suerte todavía quedan reductos como éste, repleto de gente con buen gusto, con sensibilidad y con ganas de conocer.

Pee Wee Crayton pertenece a la familia de guitarristas tejanos, desde Blind Lemon Jefferson, pasando por Freddie King, Lightning Hopkins, Albert King, Johnny Copeland, T-Bone Walter hasta Johnnie Winter. La nómina anterior me produce escalofríos. Y, de entre todos ellos, uno de mis favoritos es el bueno de Pee Wee, al que conocí en mis años mozos, escuchando a Joe Turner y sus discos de su ocaso setentero.

Nacido en diciembre de 1914 en Rockdale (Texas), aunque se mudó a Austin con sus padres a una edad muy temprana. Es allí donde empezó a tocar el ukelele, la guitarra, el banjo y la trompeta, desatando su temprana pasión musical y explotando sus innatas condiciones. Su pasión real era el jazz de la época, sobre todo adorando a Duke Ellington y a Louis Armstrong, verdaderos ídolos de la comunidad negra.

Con veinte añitos recién cumplidos, Pee Wee emigra hacia la tierra prometida, es decir, California y, en concreto, Los Angeles, donde se busca la vida en diversos trabajos. Mientras tanto, con una guitarrita que se agencia, practica denodadamente, aunque, según confesión propia, evolucionaba muy lentamente, para poder progresar desde sus rudimentarios inicios en Austin. Ni por la imaginación se le cruzaba la idea de convertirse algún día en músico profesional.

Y llegamos a los primeros años cuarenta, una época en que California empezaba a explosionar con nuevos sonidos basados en el jazz y el blues más tradicional, añadiéndoles un toque sofisticado, con orquestas refinadas, prefigurando el sonido racial que Jerry Wexler bautizaría con la efectiva etiqueta de Rhythm and Blues. Es en la Costa Oeste donde florece el talento inmenso de T Bone Walter y Nat Cole, el pianista quien más tarde se convertiría en ídolo de masas, llegando a triunfar en el mercado musical español (¡glups!) de la época. Ambos son una gran influencia en el estilo de Crayton, quien se empapó de sus estilos musicales. Además, uno de sus ídolos fue el guitarrista Charlie Christian, un purista, con unas condiciones alucinantes, prematuramente fallecido en 1942. Crayton aunó el carácter de showman total de Walter, con la seriedad instrumental de Christian.

En 1944, Crayton asiste a un concierto de T Bone Walter en Oakland y, por supuesto, supone toda una conmoción y se convierten en amigos íntimos. Walter, incluso, se traslada a vivir a casa de Crayton, durante su estancia en Oakland. Y es entonces cuando Crayton afina su estilo. En 1945 se pasa al circuito musical profesional, después de reafirmar su personalidad con la ayuda de Walter. Para ello forma un trío, con el que se curte en clubes de San Francisco y Los Angeles. Durante dos años toca casi en cualquier sitio del sur de California y en 1947, graba su primer disco para la discográfica Tour Star de Los Angeles. Para entonces, Crayton era ya un músico respetado por sus colegas y alabado por el público, sobre todo por las mujeres, de las que era casi adicto y con las que ejerció de conquistador y caballeroso trovador.

En 1948 firma con Modern Records, especializada en “música racial”, con la que alcanza el número uno, por medio de un instrumental “Blues Alter Hours”. Aunque, además de sus facultades con la guitarra, Crayton era un consumado vocalista aterciopelado, con un fraseo a veces copiado de Nat King Cole, pero con distintivo particular. Fue muy imitado en la era dorada del R&B.

En los cincuenta, Crayton graba con Imperial de Nueva Orleáns, Jamie de Filadelfia y Vee-Jay en Chicago. Es precisamente en Illinois, en Detroit concretamente donde da un concierto memorable con quien fue su mentor y amigo T – Bone Walter. El concierto fue comercialmente denominado “La batalla de las guitarras” y certificó la maestría alcanzada por el discípulo dicharachero y ligón.

Su fama le valió acompañar a auténticos artistas consagrados como Ray Charles o Dinah Washington, aunque, su vida artística se fue apagando paulatinamente en la década de los sesenta. En la más mísera de las pobrezas, Crayton se traslada de nuevo a Los Angeles y obtiene trabajo como camionero, solamente tocando los fines de semana en jams ocasionales de clubs locales.

Pero en los setenta goza de aun auténtico renacer de la mano de Johnny Otis quien lo enrola en su banda, grabando un disco en directo exultante en el Festival de Jazz de Monterrey. Después del éxito con Otis, Crayton graba una auténtica obra maestra con Vanguard Records “The Things I Used To Do”. Las graba con 55 años y es su primer LP oficial después de 25 años tocando de manera celestial. Una auténtica reliquia.

Con su Fender Startocaster, Crayton transmitía un swing especial, un fraseo muy particular, con un sentido melódico incomparable y un maestro en el dominio del tiempo. Después de su disco de debut, Crayton toca en muchas sesiones de jazz y blues de los setenta, dando giras nostálgicas y ganándose un tardío, aunque raquítico, reconocimiento.

Murió de un ataque al corazón en 1985. Su guitarra quizás es la que mejores momentos me ha aportado, un músico deliciosamente optimista, vitalista, a pesar de que, como pocos, sabía sentir la genuina tristeza del blues y, lo que es más, sabía transmitirla a través de su abrasadora guitarra.