En pleno vuelo

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RADIOHEAD + LOW. 16 de Julio de 2003. Plaza de toros de las ventas, Madrid

En los conciertos masivos siempre resulta un riesgo inclinarse por la opción de pista pudiendo escoger la comodidad y digamos seguridad que proporcionan las gradas, sobre todo en recintos tan desprestigiados como las plazas de toros, no siendo precisamente las ventas una excepción. Fueron semanas de debate interno, normal teniendo conciencia de la magnitud de tal evento, que finalmente se resolvió a favor del foso entre otros motivos (cercanía, intensidad, magia…) porque con tanto pensar la cuestión se vendieron las entradas de grada que realmente podrían interesarme. Así fueron sucediéndose los días con una sentida inquietud y no menos expectación hasta que una buena mañana descubres que hoy y no otra fecha es la gran cita con Radiohead . La emoción desborda y no es para menos, el cara a cara con una de las bandas que en más ocasiones te ha permitido dosis de desahogo sentimental y de la cual conoces hasta los últimos rincones de su discografía, está tan cercano que asusta e inquieta todavía más. Cierto, uno de los sufridos inconvenientes de la entrada a pista es la obligación de adherirse a una cola que aún acudiendo con cierta precocidad a la misma parece que ésta comienza desde el infinito y avanza con la lentitud apropiada para la desesperación, aunque los hay que por arte de magia entraron sin esperas ni lipotimias ¿verdad?. No hay problema, ya estás dentro, dentro de una olla a presión donde el agobio es manifiesto y no cesan los apretujones. En fin, sensaciones de uno que no tiene experiencia festivalera. La espera es larga pero con una inmejorable compañía se hace amena, divertida y estimulante. Low saltan a escena y nuevamente se les apuñala con la condena básica dirigida a todo telonero, ni la mínima atención ni respeto alguno por parte del público, a lo cual ladro en mis adentros “pero joder, ¡ que son Low ¡”, claro que Sonic Youth o Los Enemigos fueron inadvertidos casi abucheados en sus tiempos de calentamiento para otros. Centraron la corta actuación en sus dos últimas obras, Things we lost in the fire y Trust , y aunque no satisfacieron la petición de marras, mis berreos reclamando “In the drugs” fueron en vano, nos regalaron delicias del talante de “Sunflower”, “Canada” o la preciosa “That’s how you sing amazing grace”. Soltaron alguno de sus himnos pasados, minoritarios, que fueron acompañados por tímidos coros de los asistentes. La puesta en escena bastante sencilla pero cumpliendo con creces el realce de sus joyas en directo, a destacar la fusión vocal de los tres componentes, Mimi Parker (percusión), Alan Sparkhaw (guitarra) y Zark Sally (bajo), a los que se añadió una cuarta vocalista aparentemente a los teclados. En fin la injusticia típica con la que tiene que cargar el telonero, el cuento de siempre. Pues nada quedan apuntados para su degustación en actuación propia. La plaza se llena, poco falta para reventar, los nervios se encargan de recordar el porqué de nuestra asistencia y el sofoco humano plantea dudas sobre la elección. ¿Cómo es posible que ante semejante ambiente haya quién se pimple la cogorza de su vida? ¿Cómo puñetas hacía el caballero de las cocalas y cervecicas frescas para introducirse entre medias del personal si no había ni un diminuto hueco? Y mientras nosotros endosándonos el bailoteo reggae de rigor, si si el que uno se echa en este tipo de eventos pop, vamos no muy apropiado que digamos. ¡¡ YA !! fin de la agonía, luces fuera y ovación de bienvenida para Radiohead digna de un público rendido antes de la explosión, lo estabamos desde la espera inicial. Tal y como se ansiaba irrumpe la magia en la sauna con una intimidante “there there” que aunque bien se conocía volvió a sorprender la percusión adicional de Ed O’Brien y Jhonny Greenwood . Primer interrogante desvelado de la noche, el sonido desd

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