Freddie Hubbard se despide después de cincuenta años de carrera

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Ha desaparecido de este mundo material, un músico sutilmente prodigioso. Un músico de Jazz en la mejor tradición del gran Satchmo, salvando las distancias generacionales. Un trompetista que supo aprovechar las corrientes musicales de su tiempo para adaptar el sonido de su prodigiosa trompeta, para mertamorfosearlo, de crisálida delicada a mariposa exuberante.

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Freddie Hubbard se ha ido a los 70 años. En el mundo del jazz, los setenta es una edad temprana para irse: recuerdo con una claridad deslumbrante poder asistir a uno de los conciertos más excitantes de mi vida, cuando el genio saxofonista Benny Carter me heló la sangre y afianzó, ya para siempre, mi admiración y devoción por el jazz. Contaba 81 años y estaba en la flor de la vida, al menos de la vida musical. Otro monstruo sagrado, el violinista Stéphane Grapelli, el francés que tocó con el gitano Django Reinhardt, ofreció en mi ciudad, hace ya algunos años, un concierto magnífico a sus casi 85 años.

Por eso extraña que Hubbard, un clásico moderno, se haya ido tan joven. Uno, que está acostumbrado a disfrutar de las excelencias de la senectud, curiosamente algo que se da esporádicamente en el rock – honrosas y dignas excepciones hay, oiga – pero que es habitual en los músicos de jazz y blues.

Hubbard tocó su mágica trompeta, por primera vez registrada en los surcos de un vinilo con nada menos que 19 años y con el guitarrista Wes Montgomery. Pero su etapa más decisiva, después de tocar con el saxofonista Sonny “El Coloso” Rollins, fue su encuentro con John Coltrane, a raíz de haber tocado juntos en una jam session en 1958: “Casi me vuelvo loco. Quiero decir, que allí estaba yo con 20 años practicando con John Coltrane. Me ayudó muchísimo e hicimos varias cosas juntos”.

La técnica de Coltrane influyó enormemente en su estilo que pronto devino inusitadamente rápido, elocuente y expresivo.

Hubbard fue un miembro prominente, desde 1961 hasta 1964, de los Mensajeros del Jazz, la deliciosa banda del inmenso baterista Art Blakey y, a partir de ahí, lidera pequeños combos, frecuentemente cuartetos. Su desarrollo musical resultó imparable: “Por un tiempo estuve colgado con los cambios de acordes. Luego, entré en un período en el que solamente tocaba cosas bonitas. Luego pasé a un período vanguardista, pero no llegaba lo suficiente a la gente. Así que tenía que cambiar. Ni siquiera pensaba en agradar a la gente. Si me gradaba a mí, perfecto. No puedes ser tú mismo todo el tiempo”.

Su carrera fue oscilante, tambaleante muchas veces, pero siempre mantuvo el pulso para expulsar sonidos inteligentes de su trompeta. En 1992, a raíz de una infección en sus labios, causada por una herida mal curada, dejó de tocar la trompeta por una larga temporada. Después, ya nunca volvió a ser el mismo tipo expresivo y agresivo.

El pasado 29 de diciembre, Hubbard pasó a tocar su trompeta más allá de las fronteras físicas de este mundo ruin. Freddie Hubbard, trompetista ilustre, músico que participó en la friolera de más de 300 álbumes. Un músico con mayúsculas.