La trastienda de un sonido irrepetible: George Martin (1926 – 2016)

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La figura del productor musical, a principios de los años sesenta en el Reino Unido, no era un concepto extendido en la industria, por no decir casi inexistente. La conciencia de tener una función específica y concreta en un estudio de grabación no estaba plenamente definida – únicamente Phil Spector, en Estados Unidos, fue el epítome inaugural de un sonido inigualable definido en producción -. Sin embargo, como otro aspecto más en el que los Fab Four fueron pioneros, George Martin personifica la figura del productor tal y como hoy la conocemos. A excepción del genio de la producción británica Joe Meek o la impronta de Shel Talmy, Martin se erige en la figura consciente de productor musical.

George Martin en primera instancia compartía con los cuatro paletos de Liverpool sus orígenes en el estrato social de la clase trabajadora británica; el padre de Martin era carpintero y sus pinitos musicales fueron absolutamente autodidactas: aprendió a tocar el piano a fuerza de practicar aunque más tarde ingresaría, durante tres años, en la prestigiosa Guildhall School of Music (en Londres, justo al lado del Barbican centre) en donde cursó estudios de composición y arreglos.

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A sus 29 años es nombrado jefe de la filial de EMI, Parlophone, en donde venía trabajando como asistente, y produce a artistas de jazz como Stan Getz y, lo que es más importante para su futura conexión personal con los de Liverpool, dirige las grabaciones de cómicos británicos tan delirantes y geniales como Peter Sellers, Spike Milligan y Dudley Moore.

Contactado por Brian Epstein (quien fue rechazado en Decca, Pye y Phillips con anterioridad) apadrinó, sin mucho convencimiento, al grupo de paletos norteños: sí hubo conexión personal que no musical. Sus conexiones con los cómicos británicos citados (ídolos de John y George, quienes compartían su sentido del humor acerado, sarcástico y a veces sangriento), su conocimiento de técnicas de arreglos y orquestación, y, sobre todo, su intuición en harmonías y encaje de sonidos fueron determinantes para la eficaz gestión de una banda que iba a configurar el futuro musical

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Su apariencia aristocrática escondía sus orígenes suburbiales de Holloway, en el norte de Londres, un aspecto que acercó al mentor y productor hacia sus protegidos: “Me di cuenta que tenía la habilidad de sacar lo mejor de la gente; un productor tiene que conocer a la persona. Cada artista es muy diferente y hay mucha psicología en ello”. Tal aserción, en el caso de los “Fab Four” es altamente plausible pero parece difícilmente manejable en la práctica: la gestión de cuatro esquinas perfectamente determinadas, cuatro egos delimitados con una fuerte personalidad, ese “monstruo de cuatro cabezas” – como Clapton denominó a los de Liverpool – significaba un arduo esfuerzo. Sin embargo, Martin consiguió obtener la empatía necesaria para lidiar, sobre todo, con dos caracteres explosivos y potencialmente geniales: John y Paul no atrajeron la atención de Martin como compositores en principio. El tarro de las esencias se abriría con el impactante trabajo “A Hard Days’ Night”, fechado en 1964, un álbum compuesto en su totalidad por Lennon y McCartney y que abrió infinitas perspectivas para futuras bandas (sí, amiguitos, incluso para los Stones) y para el devenir del rock.

Aunque Martin engrasó el trabajo de los “Fab Four” desde sus comienzos (incluso aportando teclados como músico de sesión) , a partir de 1966, año en el que los de Liverpool deciden abandonar los escenarios definitivamente, su papel fue esencial para traducir sonidos absolutamente vanguardistas que los Beatles tenían en la cabeza. Aún a pesar de que en “Rubber Soul” y, sobre todo en “Revolver”, los fabulosos experimentaron con sonidos inconcebibles (la tuba de “For No One”, la introducción de “loops ”en “Tomorrow Never Knows”, las cuerdas – anticipadas en “Yesterday” – de “Eleanor Rigby”, las aportaciones de George en sus inclinaciones hacia la música hindú o la complejidad sonora de “I’m The Walrus”) que culminarían en la explosión creativa de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (un intento declarado de emular la maravilla perpetrada por los Beach Boys – y, más concretamente, Brian Wilson – en “Pet Sounds”). El anticipo y el tema preferido de Martin es “Strawberry Fields Forever”, creado por John y lanzado como single (junto a la alternativa de Paul “Penny Lane”) en febrero de 1967: Martin, junto al ingeniero Geoff Emerick, consiguió plasmar en sonidos lo que bullía en la cabeza de John, quien decidió regrabar toda la canción después de variadas tomas fatigosas (algo inusual, incluso para los Beatles).

Jugada sucia: Martin produjo todos los álbumes de los fab four, excepto el pastiche titulado “Let It Be” que, a resultas de agrias disputas internas y con el sueño beatle tambaleándose, fue finalmente producido (a instancias de John y George) por Phil Spector quien aportó su barroca visión creando engendros como “The Long and Winding Road”, la estupenda copla de Paul que se vio maltratada e incluso originó el público desprecio de su compositor.

Quizá la obra maestra de los fab four, e incluso de Martin (sin que esto suponga una aserción definitiva: con los de Liverpool es imposible llegar a tal conclusión) sea su canto del cisne: el majestuoso “Abbey Road”, grabado después de “Lei It Be”, aunque lanzado con anterioridad. Ultimo esfuerzo desesperado de Paul por continuar con el grupo, contó con la buena disposición del resto y la sabia guía de su productor de siempre, quien tuvo la caballerosidad de perdonar el desaguisado creado por la contratación de Spector.

Su papel con los Beatles, granjeó a Martin una justa fama; durante la carrera de los fabulosos, paralelamente produce a otros artistas británicos como Cilla Black, The Action o Shirley Bassey ; en su etapa post-beatle produce a artistas de muy variada procedencia como America, Elton John, Phil Collins……Más importante: se independiza de  EMI, aprovechando su prestigioso estatus y funda su propia productora junto a sus propios estudios, los AIR ubicados en la isla caribeña de Montserrat (en donde graban Police, Elton John, Black Sabbath, Eric Clapton o Dire Straits); debido a un devastador huracán que destruye la isla, los estudios se reabren en el norte de Londres, en el barrio de Hampstead.

Aparte de producir la afamada serie “Beatles Anthology” e involucrarse en el musical nostálgico “Love”, Martin solamente trabajó con McCartney en varias de sus grabaciones en los años ochenta (destacando el trabajo de Macca “Tug of War”).

La figura del hermano mayor, del mentor curtido en la industria, del músico y arreglista curtido en grabaciones de jazz y música clásica, supuso para cuatro chicos norteños, paletos pero llenos de entusiasmo y de talento, el impulso definitivo, el encaje perfecto para despegar como la banda musical más influyente de la música contemporánea. Por si alguien albergara alguna duda.

Grandes ejemplos de aportaciones de George Martin:

“Blue Jay Way” (“Magical Mistery Tour”, - The Beatles, 1967)

“A Day in The Life” (Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band” – The Beatles, 1967)

“I Want You (She’s So Heavy)” (“Abbey Road” – The Beatles)