Odetta: adiós a una luchadora

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Una fuerza poderosa ha dejado de existir físicamente. La mujer que aupó el folklore norteamericano desde profundas raíces negras hasta lo más alto, influyendo a artistas como Janis Joplin, Bruce Springsteen o Bob Dylan, ha dejado este mundo material. La mujer calificada por Martin Luther King, como la “reina de la canción folk americana” falleció ayer a los 77 años.

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Odetta, un nombre que evoca reminiscencias de la mejor música americana: “Realmente no soy una cantante de folk. Soy una historiadora musical. Soy una chiquilla de la calle que admira la música y que se metió en ella. He sido afortunada con la música folk. Puedo dejar mi enseñanza, mi oración, mi propaganda”

Odetta fue una de las figuras más prominentes en la lucha de los derechos civiles de los negros, en la compleja sociedad norteamericana. Nació Odetta Holmes en 1930, en Birmingham (Alabama) el día de nochevieja de 1930, en plena depresión americana. Con su familia, cuando contaba con seis años, se mudó a Los Angeles y es allí donde muerde con fruición la música, adoptando el piano de su abuela como su juguete preferido. Toma lecciones de música y de canto en el colegio, convirtiéndose en una cantante de ópera y desarrollando funciones teatrales escolares. Sin embargo, sus inquietudes derivaban en la música marginal que se cocía en los tugurios infectos: consigue un contrato en el club “Hungry I” de San Francisco, codeándose con la incipiente resistencia de los músicos folk de aquel tiempo. Su voz, ardientemente poderosa, y su actitud encima del escenario pronto la granjean una reputación merecida y valiosa entre el circuito musical de la floreciente costa oeste norteamericana. Como consecuencia de su magnetismo y de su prestigio, pasa a cantar a Nueva York, en el club Blue Angel.

En Nueva York, atrae la atención de Pete Seeger y de Harry Belafonte, quien fue un amigo muy próximo durante toda su vida y una suerte de mecenas durante toda su carrera musical. El éxito de Odetta es imparable. De vuelta a California, se entrega en una serie de conciertos en el teatro Turnabout. Allí consolida su estilo, tan poderoso e hipnótico y su conciencia social a través de los vibrantes timbres de su voz: “En el colegio, aprendías la historia americana a través de las batallas, pero yo aprendí cosas acerca de los Estados Unidos y de su gente a través de la música y de las canciones que interpreto”

Es en Chicago donde Odetta cruza definitivamente el umbral de la popularidad. Mientras era contratada por el hotel Rice, Al Grossman, un elegante ejecutivo de la industria musical, queda impresionado por su enorme talento y le ofrece un contrato discográfico para la marca Tradition. Odetta graba dos álbumes consecutivos y América queda absolutamente cautiva de una voz y un poderío cercanos a lo sobrenatural.

Harry Belafonte, su mentor, la invita a actuar en su programa televisivo TV Tonight en 1960 y en el mismo año aparece, radiante, en el festival de folk de Newport. Su popularidad alcanzó la cima.

Con su guitarra, a la que llamaba “Baby”, sus vaporosos vestidos, su presencia imponente, fueron catalizadores de la admiración de un jovencito folkie llamado Bob Dylan, quien siempre ha admitido la enorme inspiración que la mujer negra tuvo en su asombrosa carrera musical. Incluso Odetta grabó un álbum “Odetta sings Dylan” en el que rendía homenaje a la pasmosa capacidad compositiva de su jovencito admirador.

Su música era su arma social: caminó junto a Martin Luther King en su lucha por los derechos civiles (King siempre admiró la capacidad transgresora de Odetta a través de sus poderosas interpretaciones); estuvo en 1963, junto al predicador negro, en Washington, en la ya histórica marcha de Capitol Hill e incluso cantó ante John Kennedy, expresando las tormentosas inquietudes del segregado pueblo negro norteamericano: “Cuando encuentras una piedra en el camino puedes dejarla donde está y morir, o insistir, dejando la vida en ello, en removerla del camino”.

Su energía apabullante nunca la abandonó, a pesar de los avatares de su salud . Nunca dejó de interpretar, sobre todo en directo.

Su sensibilidad para aunar el blues, el gospel con la modernidad folk, fue un hecho único en la música.

La intensidad emocional de una mujer luchadora, una intérprete que utilizó su música pura para afrontar la dura realidad social de su comunidad nunca desaparecerá. Odetta se ha ido sin poder vivir el sueño que siempre acarició: tener a un presidente negro en los suntuosos salones de la Casa Blanca.