Patio de Butacas: Barbarella de Roger Vadim, 1968. Títulos de crédito por Maurice Binder

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Desde hoy mismo, da comienzo una colaboración, esperemos que fructífera y enriquecedora, entre el que esto escribe y la insigne colaboradora de Requesound, Ankara. Su soberbia agudeza visual, su gusto exquisito en descubrir animaciones asombrosas, fotos de belleza enigmática, despertaron renovados bríos propios en el campo visual. He aprendido y sigo aprendiendo mucho con Ankara. Es por ello que nos hemos animado a colaborar juntos: según la brillante idea de Ankara de comentar títulos de crédito de películas, un campo, en apariencia banal, con insondables posibilidades artísticas.

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Hoy estrenamos sección, con unos títulos de crédito absolutamente erotizantes, embriagadores y hechizantes. Cualquiera que haya conocido a Jane Fonda en todo su esplendor cinematográfico puede afirmar conmigo que era un poder tónico y energizante. Los maravillosos títulos que hoy presentamos nos muestran el erotismo en toda su intensidad y ¡voto a bríos! Nadie queda impune a la visión de su cuerpo, incluyendo el género femenino que cae rendido ante la evidencia.

La película en cuestión se trata de “Barbarella”, una película menor en calidad cinematográfica pero que ha entrado en la nómina de films de culto por derecho propio. Su carácter legendario se ha venido forjando gracias a varios factores. Intentaremos desmenuzarlos uno a uno. Vaya por delante, que la estética e historia de la película están basadas en la heroína de cómic del mismo nombre, creada por Jean Claude Forest.

Para empezar, su director fue Roger Vadim, un auténtico devorador de mujeres, que supo rentabilizar adecuadamente su gusto impecable para con las féminas. En su nómina de conquistas se incluyen Brigitte Bardot (Vadim fue su descubridor, con la película “Y Dios creó a la mujer” de 1956), la propia Jane Fonda y Catherine Deneuve. No está nada mal para un hijo de inmigrantes ucranianos, que se convirtió, con el paso de los años, en una auténtica celebridad en su país de adopción, Francia. Fue, además de hombre de cine, un aficionado a la pintura y a la escultura, además de haber ejercido labores de periodista, guionista y productor.
Y qué decir de Jane Fonda, hija de un auténtico maestro de la pantalla pero un padre en la vida real que dejó bastante que desear. Fonda, desde su aparición en la brutal “La Jauría Humana” de Arthur Penn, con Marlon Brando y Robert Redford (en una de sus primeras apariciones cinematográficas), pasando por su oscar en “Klute”, con el siempre perverso Donald Sutherland, fue un icono sexual en los sesenta. Y parte de la culpa la tiene precisamente esta película que ahora comentamos. Y, sino, juzguen ustedes mismos contemplando los pasmosos créditos de la película.

Otro ingrediente que convierte el film en una obra alabada en circuitos alternativos, en una obra de referencia de la cultura “pop” es la aparición de Anita Pallengberg, quien aparece en un papel secundario. Pallengberg es una de mis referencias. Es una de las hembras más fascinantes de la que tengo noticia, no solo por su explosiva sexualidad, su animalidad asustante, sino por su propia historia personal. Nacida en Roma, de padre italiano y madre alemana, después de recibir y mamar una cultura cosmopolita, desembarca en Nueva York y se hace asidua de la Factory de Andy Warhol. Fulgurante modelo, espectacular animal escénico, un porte intimidante, Pallengberg salió con Brian Jones, de los Rolling Stones, pero se enamoró perdidamente de Keith Richards, con quien convivió diez años y tuvo tres hijos. La Pallengberg cayó en el caballo y era una auténtica devota de la magia negra, experta en todo tipo de supersticiones oscuras. Colaboró con los Stones (su voz forma parte de los coros de “Sympathy For The Devil”) y fue (todavía lo sigue siendo) una fiel amiga de Marianne Faithfull. Una vida de auténtica película, sobre la que merece la pena escribir, sobre todo desde la más sincera admiración que este que os sirve profesa. En mi adolescencia, estaba perdidamente enamorado de la Pallengberg. Un amor platónico en toda su crudeza.

Otro ingrediente: la película contó con la colaboración de Terry Southern en la elaboración del guión. Southern fue un periodista y escritor de excepción, maestro de la sátira y el absurdo, contemporáneo de la generación literaria “beat”, protagonista de la frenética actividad del “swinging london” durante los sesenta y guionista de películas como “Teléfono Rojo, Volamos Hacia Moscú” de Stanley Kubrick, “Cincinnati Kid” de Norman Jewison o “Easy Rider” de Dennis Hopper. Intimo amigo de personajes musicales, especialmente de Harry Nilsson y de Ringo Starr, confraternizó con la escena musical londinense de los gloriosos sesenta y fue testigo de excepción de aquella década prodigiosa. Promotor del cine independiente durante los setenta, Southern fue el instigador de la participación de Anita Pallengberg en el film “Barbarella”, escribiendo retazos del guión, que fue reescrito numerosas veces, con la consiguiente pérdida de ritmo y pulso narrativo del film. Southern fue todo un personaje, que merece ser tratado de manera extensa. Quizás en una próxima sección de mi Cuarto Oscuro. Ahí queda mi amenaza.

Otro factor: La música, compuesta por Bob Crewe (veterano compositor y hombre de música – arreglista, productor e incluso intérprete de cierto éxito –) y Charles Fox (compositor de renombre y colaborador de, entre otros, Jim Croce, Ray Barreto y Tito Puente). La propia película sirvió de inspiración a Dave Stewart (componente de los Eurythmics) para componer un musical “Barbarella”, estrenado en Viena en marzo de 2004.
Por último, hablaremos de la cabecera del film que es la que ha generado este empaste entre dos personas inquietas y a veces inquietantes.

Aunque no dudamos de vuestros extensos conocimientos sobre el arte del cinematógrafo, no estaría mal entrar un poco en detalle, a modo de introducción, sobre el papel que desarrollan los títulos de crédito dentro de todo el engranaje que conlleva la realización de una obra del séptimo arte.

Estos, como sabéis, son los primeros instantes que aparecen en la gran pantalla ante nuestras miradas expectantes por devorar lo que nos trajo hasta la butaca.

  • Anónimo

    Después de los piropos que me ha brindado Ragtime qué os voy a decir yo a los que le conocéis, sobre cómo me siento colaborando con él en esta casa, que es de unos pocos. Y no os voy a contar de los bríos que “se me han renovado” con la lectura de sus artículos, empapándonos siempre con esos conocimientos de los que está repleto y que tiene a bien esparcirlos por aquí, para paliar en pequeñas dosis la ignorancia que sufrimos algun@s en los campos musicales.
    He aprendido y sigo aprendiendo con Ragtime Willie, y espero que siga siendo así mientras la ilusión nos lo permita y tengamos un público dispuesto a soportarlo.
    Abrazos sentios…
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  • Anónimo

    Par de Monstruos!!

  • Anónimo

    COMO DIRÍA CIERTA MINISTRA: MONSTRUO Y MONSTRUA

  • Anónimo

    Dado que prácticamente plagié este artículo sin conocerlo meses mas tarde, me permito responder la cuestión planteada por Ankara sobre la forma de llevar a cabo la escena. Se cae de simple: Colocaron a la Fonda sobre un plástico transparente, y rodaron la escena desde arriba, con el decorado al fondo (es decir, abajo). A partir del segundo 30 podéis ver como se les escapó el reflejo en el plástico de los guantes.

    Dado que he iniciado una serie similar en mi blog tendré que visitar éste antes para evitar errores en el futuro, dado que nuestros gustos parecen ser parecidos 🙂

  • Carai, magnífico el artículo de Barbarella, me he enterado de muchas cosas que desconocía.