Soul: La música como arma

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‘I want to be black. I’m not going to desert my people. But to cross over, you must appeal to that market.’ I said, ‘What’s so important about that fucking market?’ He said, ‘Bobby, you listen to the [R&B] radio station. When you turn the corner, that station will go off the air, and you go right to a pop station. That’s how powerful it is. And white people are not gonna come to the black side of town’.”

– [persona]Bobby Womack[/persona], en una conversación con [persona]Sam Cooke[/persona] acerca de traspasar las barreras raciales hacia el público blanco

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[persona]SAM COOKE[/persona]: SOUL MAN

Si [persona]Ray Charles[/persona] fue, en cierto modo, y entre otros, uno de los pioneros en acercarse al público blanco en la segregacionista Norteamérica de los años cincuenta y sesenta, Cooke fue un auténtico líder negro en todos los sentidos, incluso el político. Era guapo, tenía carisma y, a la postre, se forjó toda una leyenda al morir de manera abrumadoramente trágica

Cooke nació en Clarksdale (Mississippi) en el año 1931, hijo de un predicador sureño, el reverendo [persona]Charles Cook[/persona]. Sam realmente fue un niño que se puede considerar prodigio dentro de la música “gospel”, género en el que desarrolló su inmenso talento en grupos como los Singing Children (con sus propios hermanos), los Highway QCs o los Pilgrim Traveleres. Sin embargo, a pesar de su voz prodigiosa, destacaba fundamentalmente por su capacidad de improvisación, en los propios textos de la Biblia (contenido típico de la música “gospel”) y en la melodía. Pero lo que más impresionaba, sin duda, era su atractivo físico y su portentosa fuerza para estar en un escenario, en suma, su magnética y deslumbrante personalidad.

En 1950, cuando contaba 19 años, se unió al cuarteto los Soul Stirrers, un hecho verdaderamente significativo en su carrera, dentro todavía de la música religiosa. Los Stirrers fueron toda una referencia dentro del gospel y Cooke sustituyó precisamente a su solista, el legendario R.H. Harris, un vocalista incendiario, ídolo del propio Cooke, (quien, por cierto, añadió la “e” del apellido Cook, porque consideraba que le aportaba una mayor clase) y de muchos otros cantantes de la época. Ser miembro prominente de los Stirrers supuso un avance cualitativo, porque Sam entraba dentro de un grupo considerado de los más importantes en su género y enormemente popular. En los Stirrers Cooke pulió su estilo vocal inconfundible, brillando ya su personalidad que pronto hizo casi olvidar a la magnética voz de Harris. La persuasión comunicativa de Cooke ante el público, quizá fue lo que el público devoto de los Stirrers sintió en un primer momento: cuando Sam cantaba paraceiía que te lo comunicaba a ti en persona, poseyendo a la vez, una capacidad comunicativa y escénica extraordinaria.

Los Stirrers estaban bajo contrato de la legendaria Specialty Records de Art Rupe, compañía fundada por Rupe en Los Angeles en 1946 (entre otros artistas, por Specialty pasó Little Richard, Guitar Slim, el gran Percy Mayfield o el frenético e imprescindible Larry Williams) y cuando Ray Charles sacó su “I got a woman” en 1955, Rupe olfateó que todo había cambiado….y Sam también lo entendió así. Rupe quiso tener a su propio Ray Charles, una persona que utilizara la música religiosa adaptándola temas sacros, i9ncluso truculentos y sexuales, aunque no pensó en Cooke, sino que se agenció a Little Richard quien, para finales de 1955 se convirtió en toda una estrella por méritos propios.

Los Stirrers y Sam en concreto, acuciados por la presión del hit devastador de Charles y el éxito de Richard, se fueron convirtiendo en un grupo ya un tanto pasado de moda. Sam Cooke no se decidió a traspasar la barrera del gospel de manera rotunda; sus dudas

De si podría traspasar la