The Strokes vuelven a la carga

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Tras una espera considerable, por fin llega el esperado segundo lp del grupo neoyorkino. Ante los grupos que explotan con su primer disco, siempre se levanta una gran expectativa, mezcla de recelo y de curiosidad por ver la evolución.

Mucho se ha hablado de estos cinco chicos, y desde aquí no queremos entrar en las discusiones de si son genios, que recuperan viejas esencias del rock y el punk, o simplemente son meras marionetas a manos de discográficas que han quitado el polvo a los vinilos olvidados.

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Desde un punto de musical hay una cosa más que evidente, y es que the strokes suena bien. Tanto con su primer “Is this it?” como con el nuevo y flamante “Room on fire” nos muestran grandes melodías. Precisamente por melódico se definiría este disco frente su primer trabajo, ya que no hay grandes diferencias (por suerte). Es un disco que suena muy bien en su conjunto, pero no se caracteriza por tener grandes himnos.

El single 12:51 parece una canción rescatada del disco anterior, pero sin la personalidad ni fuerza de los singles que hicieron grande a esta banda. Para mi gusto, la gran perla de este disco es sin duda “Reptilia“, canción que engancha desde una primera vez por su ritmo, con las guitarras en primer plano. También destacar “Automatic control”, “You talk way too much” o “the end has no end”, ésta última con una batería que se te mete en la cabeza durante un buen rato. Precisamente quizas la batería sea el mayor cambio en el sonido presentado en este disco, con un aire más sucio si cabe.

En definitiva, un disco muy conseguido pero que no va a pasar por uno de los mejores discos de la historia, ni seguramente del propio grupo. Pero comparaciones aparte quien quiera escuchar buena música, en este disco encontrará 33 minutos sin ningun desperdicio.