Una humilde reverencia a Ellie Greenwich

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Una mujer, residente distinguida de mi cuarto oscuro, compositora e intérprete, y una de las fundadoras originarias del concepto del pop, de la gloriosa música de los sesenta en Nortamérica, ha muerto de un ataque al corazón a los 68 años.

 

Su nombre, Ellie Greenwich; su legado, una serie deslumbrante de canciones, que han pasado a la historia de la música pop: ya sabéis, pequeñas miniaturas de no más de tres minutos, que son, en sí mismas y cuando no existía el concepto de álbum como obra única y completa, verdaderas obras de arte.

 

Esta señora, originaria de Booklyn (Nueva York)consiguió 25 discos de oro y platino, ejerciendo como compositora para bandas de la talla de los Beach Boys, las Crystals y las Ronettes. Greenwich, junto con su primer marido, Jeff Barry, fue, entre otros, una eminente definidora de ese sonido tan adorablemente pegadizo que acompañaba a mis queridos grupos de chicas de los años sesenta en Estados Unidos. Armonías vocales envueltas en una melodía directamente dirigida hacia las listas de éxitos, de una calidad incuestionable, pero gloriosamente comerciales. ¿lo comercial reñido con la calidad?

 

Sus labores, incluían también la de productora, colaborando en muchas producciones de Phil Spector. En un mundo fundamentalmente masculino, Greenwich (junto con otra maestra como Carole King) asumió labores insospechadas para una mujer. Su intuición musical, su genio innato, fue de una significación completamente atípica.

 

Fue la responsable, también, de lanzar al estrellato a Neil Diamond, produciéndole sus primeros éxitos, en la época en que su matrimonio con Jeff Barry comenzaba a tambalearse. Fue en esa época, además, que la pareja compuso una de sus últimas, y más populares canciones “River Deep, Mountain High”, interpretada por Ike y Tina Turner y producida por Phil Spector. El tema es uno de los ejemplos más barrocamente sofisticados de lo que se conoce como el Muro de Sonido, la marca indeleble musical del egomaníaco Spector.

 

Después de una etapa en silencio, Greenwich aparece en los ochenta, produciendo a gente como Cindy Lauper.

 

Pero ya había hecho historia. Una reliquia de esos tiempos ingenuos, en los que se trabajaba concienzudamente el sonido de un single, pensando constantemente en el público, pero respetando, a la vez, la calidad sonora, el concepto musical del autor. Ellie Greenwich perteneció a esa época en la que los autores de canciones y el productor eran los verdaderos autores de los éxitos. En muchas ocasiones, salvando honrosas excepciones, los intérpretes eran meros ejecutores de la coplilla.

 

La superviviente de una época gloriosa se ha ido para siempre. Una mujer adelantada a su tiempo y con un genio innato asombroso.