“Vida Inteligente”, el honesto regreso de Los Enemigos.

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Siempre he pensado con extrañeza y fuertes dosis de escepticismo en la explícita razón monetaria del regreso de tantos y tantos grupos, la negación rotunda de su despedida tajante tiempo atrás. Bandas que poblaban mi devocionario privado han provocado una honda desilusión al no cumplir unas expectativas mínimamente aceptables. Pero, afortunadamente, siempre hay excepciones que superan con dignidad el bochorno de desdecirse de aseveraciones dramáticas y tajantes.

manolo_enemigosPienso, por acercarme a los parámetros musicales del tema que nos ocupa, por ejemplo, en la serie de conciertos con que Los Ronaldos festejaron su fugaz y sustancioso encuentro: entre 2005 y 2008, con un EP mediante suficientemente contundente, titulado “Cuatro Canciones“, demostraron poseer esa categoría indispensable en una banda de rock and roll que consiste en conocer perfectamente el “tempo” de un directo convenientemente convertido en un viaje en montaña rusa, una eficaz gestión y comunión de emociones entre la banda (sí, amiguitos, los músicos también sienten, se amuerman, remontan) y el público suficientemente receptivo.

Saben ustedes que Los Enemigos, en mi póker particular, son un caso aparte. Confieso que sentí vértigo cuando me enteré de la “Revuelta Enemiga”: sentí que, en el punto en el que lo dejaron – a mi juicio, el mejor de toda su carrera – su retirada se produjo en un momento artístico ejemplar, un gesto pleno de honradez y sinceridad. Su regreso produjo turbulencias, retrospectivamente quizá demasiado escépticas. Asistí a su primer concierto en Logroño después de diez años: emocionante reencuentro, empañado vagamente por las reverberaciones de pabellón. El sueño volvió, pero el repaso de “grandes éxitos” me dejó un sabor a naftalina solamente dispersado por la absoluta contundencia de una banda que sabe perfectamente lo que hace.

josele_enemigosLo mejor, sin embargo estaba por llegar: Aunque Los Enemigos posean un repertorio lo suficientemente sólido para defenderlo, qué mejor que basar una gira en material nuevo, reciente. Claro, después de estar sin publicar un nuevo álbum desde 1999, directos y recopilaciones aparte, personalmente mi ansiedad aumentó, agravada con la larga espera provocada por acontecimientos ajenos a lo musical.

Vida Inteligente” ha sufrido contratiempos inexplicables de puristas y nostálgicos inmovilistas que ofuscan la necesaria y justa objetividad que merece una obra repleta de escuchas, hilvanada por buenas y buenísimas canciones, un disco de una factura extraordinaria, de una inusual frescura en tiempos de pastiche y cambalaches.

Su puesta de largo fue el pasado 27 de febrero en León, presagiaba, al menos, aires festivos: los vínculos fraternales enhebrados en tradiciones ya casi inmemoriales se materializan y renuevan y el alma se acicala y se acomoda en una actitud cuanto menos predispuesta al festín.

La cuenta atrás siempre exhala aires solemnes, con la emoción contenida hacia un acontecimiento desconocido: los mayores del lugar han adoptado un escepticismo larvado en bolos imposibles, desplantes provocados por excesos compartidos, a veces la frustración era tu involuntaria aliada.

Pero no: parece que la invitación a “We’re gonna have a real good time together“, la versión de la copla de los Velvet Underground, que sonó como introducción a la banda, fue toda una declaración de intenciones, una aserción rotunda, a la vez que una sincera invitación a la más pura diversión.

Y, a tenor de la buena disposición de una banda, dichosa, incluso jubilosa, todo parecía presagiar lo que fue un hecho absolutamente incontestable: el “Vida Inteligente” discurre, como todas las mejores bandas que en este mundo han sido, mucho mejor en descarnado directo, como si elevaran su estatura a la dimensión adecuada. La majestuosa “Cuatro Cuentos“, encadenada con “No Es Igual“, se embellece en una intensidad implacable y poderosa. El escritor de canciones se reencuentra con una banda inmejorable, con la banda que fue y que sigue siendo y sonando mejor que nunca.

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La mejor noticia, además de poder escuchar los jits enemigos en la mejor versión de ejecución de un grupo que no tiene desperdicio alguno en dedicación y conjunción, es la recuperación del Maestro Pocero como guitarrista, explotando su roll frenéticamente individualista. Quizás, sea un detalle importante que, al menos para mí, no pasó desapercibido: que a Josele le apetezca tocar, que realmente tome las riendas en muchos de los temas, que sonría, que disfrute…….que celebre su cincuenta cumpleaños con la rotundidad de un jovenzuelo que toca en una banda de rock. Uno lo agradeció personalmente con la rendición de “Soy Un ser Humano“, una de las escondidas que brilla como estrella fugaz.

Y acabó en un soplo de pura diversión, de inmaculada comunión, de trabajada y emocionada sucesión de canciones exquisitamente encadenadas.

Como exhortaba el espíritu de Lou Reed al principio: el rock and roll es, ante todo, pasar un buen rato juntos, reír, bailar y gritar. Y, a fe mía, Los Enemigos encarnan la difícil y aparentemente sencilla tarea de saber divertir a la parroquia, su parroquia. La complicada tarea de un genuino grupo de rock and roll.

 

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Fotos: Txus