Parece que todo fue hace cuarenta años. 1968, un año blanco

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Este año no es un año cualquiera. Realmente, cada año es único, una etapa más en el viaje vital en el que todos estamos embarcados. Pero este………mediáticamente hablando, es un año muy jugoso, con conmemoraciones destinadas a abrir las arcas a patrocinadores sin piedad, conmemoraciones que falsean, en muchos casos, la historia; celebraciones institucionalizadas que desvirtúan el significado real del evento en cuestión.

Quiero decir, que este año se cumplen cuarenta años de 1968, un año turbulento, desquiciado, crítico. En la música, el sesentayocho fue de una calidad difícilmente superable: Johnny Cash saca su concierto en la prisión de Folsom, Jimi Hendrix se consagra con “Electric Ladyland”, Dylan se encarna en “John Wesley Harding”, los Kinks lanzan su obra maestra “Village Green Preservation Society”, los Small Faces alcanzan su cima artística, los Byrds publican esa delicia que es “Sweetheart of the Rodeo”, debuta Taj Mahal, The Band sale a la luz y deslumbra con su música de la casa rosada, Van Morrison descubre sus semanas astrales………….y los Beatles publican su álbum doble homónimo, más conocido como “El Album Blanco”

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La mañana del día de Reyes de 1982, mis hermanos me ofrecieron lo que debía ser un LP, según la forma que el paquete adoptaba. Efectivamente, era un disco, no, perdón, era un disco doble, algo que insuflaba respeto; es decir, como si te regalan un libro voluminoso (en su día me pasó con “Moby Dick”) y te dices: “Joder, aquí debe haber enjundia…..algo tan largo, algo bueno deberá contener” (por otro lado, es una máxima que muchas veces no se adecúa a la realidad). Y era un disco de los Beatles. Con doce años, mi obsesión eran los Beatles, mi punto iniciático. Pero cuando me regalaron el “Album Blanco” (ése era el regalo en cuestión) mi percepción musical cambió radicalmente. Nunca antes había escuchado a los Beatles, a Paul McCartney en concreto, interpretar un tema como “Helter Skelter”, un tema más propio del “heavy metal” imperante por aquellos tiempos que de un grupo modosito y dulzón, como la mayoría de los puristas calificaban a los de Liverpool.

Pues sí, señores, el próximo 22 de noviembre se cumplen cuarenta años de este disco doble, insólito, un poliedro de sensaciones, completamente desconocidas para un chaval que abría sus orejas a la música. Personalmente, este disco cambió mis cánones musicales, mucho más de lo que ante hiciera el tan alabado Sargento Pimienta.

Incluso la portada, concebida por Richard Hamilton, artista “pop”británico, me descolocó, después de las barrocas y espléndidas de “Revolver” y “Sgt. Pepper’s”.Los Beatles, por primera vez, no aparecían en la carátula del disco, aunque sus fotos individuales venían incluidas, para mi deleite (todavía las conservo).

¿Quién diablos me ha cambiado a mis atildados muchachos de Liverpool? Esa era la pregunta que me hacía una y otra vez, mientras me sumergía en los densos surcos del vinilo. Pero ese disco me permitió descubrir muchas cosas, sonoridades que se aproximaban al blues, al vaudeville……………y, definitivamente me confirmaron que George Harrison era un tipo tan importante como John o Paul……….sin mencionar a Ringo. Ringo siempre será Ringo.

Los fabulosos conformaron un álbum muy deslavazado, con composiciones propias, cuatro egos enfrentados. George Martin ya no controlaba sus devaneos artísticos y, cansado del jaleo y de las tensiones subyacentee en el estudio, se marcha de vacaciones a mitad de grabación. Ringo deja el grupo, también en pleno proceso de grabación, aunque vuelve, acuciado por sus colegas. John conoce a Yoko y su percepción vital se transforma…..y Paul sigue anclado en ensoñaciones que le repiten que son la mejor banda del planeta.

Uno de los principios del fin. La debacle estaba servida; incluso los Beatles pasaban por crisis existenciales y, en un año en que asesinan a Bobby Kennedy y a Luther King, el sueño parecía que había terminado, como sentenció Lennon dos años más tarde.

Ahora, la excelente revista musical británica “Mojo”, conmemora astutamente la aparición del “Album Blanco” con la publicación de dos CD’s titulados “The White Album Recovered” compuesto de versiones de artistas actuales. La primera edición fue publicada el mes pasado y, en el número de octubre, publican la segunda, con la estelar aparición de Paul Weller, reinventando el clásico de Lennon “Sexy Sadie”. También intervienen The Ruby Suns, Neil Cowley Trio, Vashti Bunyan o Rachel Unthank.

Creo que el Blanco me abrió las orejas de manera definitiva. A partir de entonces, exploré, indagué, contacté…….empezando por aficionarme al jazz y al blues, para pasar a otras músicas diabólicas. Todavía me acuerdo de la fascinación que me produjo “While My Guitar Gently Weeps” de George………y, aprendí que la guitarra solista de ese temazo no era George sino ¡Eric Clapton!. Aquí juré amor eterno a George Harrison.

Conmemorar el “Album Blanco” es conmemorar una parte muy importante y decisiva en mi vida. Un disco que me ha acompañado, y me acompaña, en los procelosos caminos de esta puta vida. Sí, señores y, coincidencias sutiles, yo también cumplo cuarenta años. Estaba escrito que este doble álbum me acompañaría desde mi nacimiento.

Y esperemos llegar para el cincuenta aniversario.

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